Hace unos meses conocí a Charly Guitarras, un viejo desdentado que tocaba la armónica de puta madre. La Srta. Barbier, acompañante mía ese día y desde entonces, y yo, pasamos un buen rato hablando con él y en un intento de alejarme del olor a mendigo que maquillé como un alarde de camaradería, le di mi tarjeta. Pasaron los meses y el otro día Mayte, que es una monada que curra en la oficina me localizó en mi sitio y me dijo que me llamaba un señor que quería hablar conmigo de un teléfono perdido. Yo tenía el mío encima. Respiré tranquilo. Y cogí la llamada con curiosidad. Era Charly.
"Nos sabes que cosas me han pasado. Me ha pasado de todo. Me he acordado mucho de ti. Me he acordado, tío. Había perdido tu teléfono pero lo he encontrado. Me tengo que subir a un risco para llamarte porque no tengo cobertura. Estoy aquí en la Rioja, en mi pueblo. La gente del pueblo tiene mucho rollo. Oye, que voy para Madrid este fin de semana y quiero verte. Te llamo cuando esté en el autobús de camino".
"Si, si, si, claro, claro que si, vale, perfecto, nos llamamos, ya hablamos"
Charly. Se acordaba de mi, el muy cabrón. Y yo me acordaba de él, el muy cabrón. Ganas de verle, de repente. Igual me quiere robar. Me encanta la idea. A lo mejor me pide pasta. Muy buena idea también. Puede que me acuchille. Me gusta muchísimo. Y él es muy insistente. Me gusta más aún. Euforia contenida y ensoñamientos de todo tipo. Historias construidas por una imaginación mermada por el escitalopram. Una cita con lo desconocido. Después de 6 meses en los que los más loco que he hecho es medio fumar como un idiota, esto es la polla. Por supuesto, estoy dispuesto a asumir todos los riesgos que conlleva quedar con un homeless septuagenario que, por desgracia, son pocos. Me ducho, me arreglo, me pongo mis mejores galas y me baño en colonia de Yves Roches de a 10,40 euros el frasco. Saco 40 euros en Cajamadrid que me cobra comisión pero que te da billetes de 10 euros para poder dividirlos en mis bolsillos y optimizar el atraco. Llego puntual a mi cita, a mi muerte anunciada, a mi agresión consentida y al entrar en el Bulevar me encuentro a Charly. Pero ha cambiado sus zapatos con agujeros por unas nike de puta madre. Y en vez de un jersey lleno de vino de brick lleva una camisa de cuadros morada que, a juego con su pelo peinado y sus gafas de montura estilo Chueca Fantasía, da cualquier cosa menos miedo. Nos ponemos a hablar y intento que no se note mi decepción. Y en seguida me suelta que ha estado en un psiquiátrico encerrado. Esquizofrenia. Bien joder, un esquizofrénico. Eso explica muchas cosas. Vuelvo a recobrar la esperanza. Me cuanta también que se ha ido a poner uñas de porcelana. Me acuerdo de Freddy y un escalofrío me recorre la columna vertebral. Pero la decepción vuelve cuando me dice que es para tocar la guitarra. La saca y me toca unos apuntes de Paco de Lucía. Y me emociono. Joder, me emociono. Quería tenerle miedo y paso a adorarle. Sin mediación. El bueno de Charly. Me acaba de llamar y me ha preguntado por mi palomita. Es un cursi. Un mendigo reconvertido en abuelo de adopción. A ver quién se resiste...
7 comentarios:
Lo pillamos para trina?
Voy a Madrid este findesemana y quiero verte. No he estado en un hospital psiquiáTrico, pero sí en un lugar parecido!
En la trainera del laboratorio con Pepeino?
jajaja.genial
Charly Guitarras es la polla. Es de los mejores nombres que he oído en mi vida.
Veo que retomas el blog por momentos. Es una gran noticia, siempre es un placer leer tus historias. un saludo.
Manu.
Es de los mejores namings que he oído, si. A la altura de Tony el Bomba y sólo superado por Tony Alexander King.
Charly me llama unas 4 veces por semana. Ahora estoy encargado de buscarle una armónica marca Honner de 64 voces. Es la polla.
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